ANTROPOLOGIA DE LA MEMORIA CANDAU PDF

Tucumn , Buenos Aires, Repblica Argentina. Queda hecho el depsito que marca la ley Su mundo estalla en pedazos4 y s u identidad se desvanece. Nonsobre y a los liolisteos, sejanistas y dicastricos. Entonces, l a situacin era "mucho peor que en Babel". Si n l a memoria no hay ms contrato, alianza o convencin posible, no hay ms fidelidad, no hay ms prome- sas quin va a recordarlas?

Author:Fenriran Mezizuru
Country:Mauritius
Language:English (Spanish)
Genre:Love
Published (Last):9 November 2009
Pages:66
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ISBN:546-4-53811-758-4
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Tucumn , Buenos Aires, Repblica Argentina. Queda hecho el depsito que marca la ley Su mundo estalla en pedazos4 y s u identidad se desvanece. Nonsobre y a los liolisteos, sejanistas y dicastricos. Entonces, l a situacin era "mucho peor que en Babel". Si n l a memoria no hay ms contrato, alianza o convencin posible, no hay ms fidelidad, no hay ms prome- sas quin va a recordarlas?

La memoria ejerce en cada uno de estos casos una influencia total. Hoy observamos en las sociedades modernas -y especial- mente en l a sociedad francesa- una compulsin de la memo- ria, un "mnemotropismo", que justifica aun ms el proyecto de una antropologa de la mem. Este culto de la memoria se expresa de diversas maneras: frenes por el patrimonio, con- memoraciones, entusiasmo por l as genealogas, retrospeccin generalizada, bsquedas mltiples de los orgenes o de l as "races", xitos editoriales de l as biografas y de los relatos de vida, reminiscencia o invencin de muchas tradiciones.

Est a tendencia, que trabaja profundamente en l as sociedades con- temporneas, es el objeto de los t res captulos reunidos en l a segunda parte de este libro.

La primera parte, es decir los tres captulos que siguen a esta introduccin, propone las bases Es decir, respectivamente, La Sorbona, los Jesuitas discpulos de Loyola, los Jansenistas y los magistrados del parlamento.

Solamente despus de haber experimentado el olvido, los individuos son capaces de apre- ciar el recuerdo; los grupos y las sociedades construyen su identidad jugando permanentemente con los dos registros: por una parte, el deber o necesidad de memoria la Biblia recuerda este imperativo decenas de veces: "Recuerda" que puede ser una condicin del intercambio y de la reciprocidad: "Recurdenme y me acordar de ustedes" Corn 11, ; por otra parte, el deber o la necesidad de olvido "nopiensen ms en los hechospasados", Is.

Intentar una antropologa de la memoria es tomar en cuenta el proceso de la memoria en su doble dimensin: su solana -el recuerdo- y su zona um- bra -es decir, lo opaco, oscuro, olvidado la amnesia o lo que originalmente est ausente de la memoria la amnemosinia por razones que hay que explicitar Esta ambivalencia de la memoria es el "hilo conductor" de esta obra. En efecto, ya que la antropo- 1 loga social y cultural estudia al hombre en tanto ser sociali- zado y no en tanto ser biolgico, parece lgico apelar a la l distincin cannica entre naturaleza y cultura: "En todos los lugares en los que l a regla se manfiesta, sabemos con certeza que estamos en el nivel de l a cultura.

Simtricamente, es fcil reconocer en lo universal el criterio de la naturaleza. Pues lo constante en todos los hombres escapa necesariamente del campo de las costumbres, de las tcnicas y de las instituciones por las que sus grupos se diferencian y se oponen". S, sin ninguna duda, ya que se encuentra presente en todos los hombres, salvo que tengan trastornos patol cos precisos.

Desde este punto de vista, esta facultad tiene su origen en la naturaleza y no constituye el objeto primero de una antropologa de la memo- , ria. A partir de ese momento se I! Por otra parte, las modalida- des de la facultad de la memoria estn reguladas: varan segn las sociedades e incluso segn los grupos e individuos dentro del marco de las restricciones globales de l a especie.

La prueba de esto es l a existencia de conflictos de memoria con respecto al mismo acontecimiento o tambin las manipulacio- nes de la memoria, que se han verificado en numerosas in- vestigaciones. Por consiguiente, ya que l a regla se manifiesta en el lugar que las diferentes sociedades le han otorgado a l a memoria o, tambin, en las expresiones concretas, particula- res y observables de esta facultad, estamos en este caso en el nivel de l a cultura y, por lo tanto, este campo preciso es el que constituye el primer inters del antroplogo.

Sin embargo, no podemos iniciar una ant dol og a de la memoria sin considerar los modelos neuronales que, por una parte, nos pueden aclarar los diferentes funcionamientos de la meinoria y, por otra parte, determinar los limites filogen- ticos de su variabilidad cultural.

Por lo tanto, en primer tr- mino tenemos que precisar cules son las condiciones de posibi- lidad de las diferentes formas de expresin de esta facultad de la memoria, sin que con eso pretendamos explorar la biologa de la conciencia y de la memoria, lo que nos llevara mucho mas all de nuestro campo de competencia. El lego que quUra profundizar o discutir los diversos aspectos de la hiptesis que proponemos -los estados mentales, los procesos de la conciencia y de la memoria pueden explicarse por "ciertas formas particu- lares de organizacin de la materian"ue son producto de una evolucin- puede consultar las numerosas obras dedicadas al cerebro y a l a memoria publicadas durante estos ltimos aos.

Edelman, Bwlogie de la conscience, Paiis, Odile Jacob, , p. Antonio R. La raison des motions, Par s, Odile Jacob, , p. Grald M. Edelman, Biologie de l a conscience, Pars, Odile Jacob, coll. Esta profusin editorial da cuenta significativamente del entusiasmo por la memoria del que hablbamos antes.

Finalmente, sealemos que si bien la neurobiologa no est exenta de neuroniitologas y a veces parece fascinada por las qumicas de cada uno de nuestros comportamien- tos, los trabajos que consideramos aqu gozan de consenso siempre relativo dentro de la comunidad cientfica. No estamos ni siquiera cerca de terminar de explorar los diez mil millones de neuronas y el milln de miles de millones de conexiones de las seis capas interconectadas que constituyen el crtex cerebral.

La tarea es muy difcil pues cada cerebro es nico: en efecto, de acuerdo con la teora edelmaniana de l a seleccin de los grupos neuronales, llamada TSGN, las diversas regiones del sistema nervioso se estructuran en redes neuro- nales durante el desarrollo, de manera diferenciada entre individuos.

A raz de la naturaleza dinmica de estos fenmenos topobiolgicos, que son el resul- tado de l a competencia y de la seleccin entre poblaciones de neuronas, existe una variabilidad en las conexiones t an gran- dc corno la que es posible observar entre individuos -incluso entre gernelos genticamente idnticos que pueden poseer "cableados" diferentes- y, tambin, entre los entornos con los cuales los individuos interactan.

Vincent, op. Edelman, op. S Como ejemplo, no es imposible que el aprendizaje de ciertas lenguas, como el japons, influya en la estructuracin del cerebro Sunoda, , citado en Jean-Louis Juan de Mendoza, Deux hrnispli.

Por otra parte, los trabajos de J. Este no puede esperar encontrar en l a estructuracin particular de una nica red anatmica una explicacin que sea vlida para toda la especie: el cerebro se caracteriza por un desarrollo idiosincrsico que culmina en una absoluta diversi- dad somtica.

Difiere radicalmente de una computadora cuya estructura general es ne varietur de un modelo a otro. Jean- Didier Vincent usa la elocuente expresin "cerebro blandovg y estado central fluctuante, cuando describe nuestro sistema 1 nervioso central. Esta observacin permite sacudir un poco los fundamentos tericos de la nocin de memoria colectiva, argu- mento que desarrollaremos en el captulo quinto. Sabemos que un sistema inmunolgico posee una especie de memoria celular: luego de haber adquirido l a capacidad para distinguir dos molculas de naturaleza levemente diferente, conserva esta capacidad y, a partir de ese momento, puede reconocer esta diferencia en cuanto l a encuentra.

Podemos hipotetizar una similitud entre el sistema inmunolgico y el sistema nervioso y afirmar que protenas semejantes a los anticuerpos podran representar los recuerdos? La respuesta es complicada, porque no conocemos el sustrato fsico de la memoria pero, en todo caso, parece seguro que los diferentes tipos de memoria dependen de las estructuras neuronales dentro de las que se manifiestan.

La TSGN ve en l a memoria una propiedad dinmica de las poblaciones de grupos neuronales que consiste en "un refuer- zo especfico de una capacidad de categorizacin previamente establecida". En un sistema de este tipo, la memo- Changeux, P. Courreges y A. Edelman concluye con algo que no puede dejar de interesarle al antroplogo: "Por lo tanto, no es sorprendente que diferentes individuos puedan tener recuerdos tan distintos y que los utilicen de manera tan distinta". Nos vamos a conformar con recordar el importante papel que juega el hipocampo en la memoria a largo plazo, gracias a las modifi- caciones sinpticas del crtex que permiten el "almacena- miento"I4 de ciertas informaciones memorizadas que, a raz de esto, se prestan ms a un trabajo semntica.

En efecto, experimentos realizados en psicologaI5 proporcionaron evi- l1 Roger Schank, De la mmoire humaine a la mmoire artificielle, La Recher-che, no , febrero de , p. MSH, , p. En el primero la situacin deechobox de los anglosajones , el procesamiento de l a informacin es rpido, fiel, pero la huella mnemnica es evanescente y, adems, no favorece un posterior procesamiento profundo de la informacin, aun cuando la codificacin semntica, que puede ser muy corta menos de un segundo 16 no est ausente.

En el segundo, la informacin se procesa de manera profunda, la huella mnemnica est consolidada y es duradera, lo que permite un verdadero "trabajo de memoria" y, en especial, la atribucin de sentido producida por la categorizacin de las sensaciones y percepciones con el correr del tiempo. Concebir el acto mnemnico como una manifestacin de la actividad de los sistemasde procesamiento de la informacin procesamien- to rpido en el caso de la memoria a corto plazo, procesamiento profundo en el caso de la memoria a largo plazo supone disponer de una teora que pueda explicar el origen de estos procesamientos diferenciados.

Veremos en el captulo tres que la comprensin de las conductas mnemnicas no puede hacerse si no se las vincula con las operaciones del pensamiento y con las nociones de simbolizacin, de experiencia subjetiva o fenomni- ca y, tambin, de intencionalidad, es decir, una cierta manera que tiene la memoria de "apuntar" al hecho pasado, para parafrasear a Sartre cuando se refiere a Husserl.

La imagen de mi amigo Pierre seguimos glosando las tesis de Sartre sobre la imaginacin no es una simple huella en mi memoria, un "Pierre en formato reducido", un homnculo "arrastrado por mi con- ciencia".

Esta imagen no es un simulacro: es una forma organi- zada por mi conciencia que se relaciona directamente con Pierre, con su manera de estar en el mundo, "es una de las maneras posibles de considerar el ser real de Pierre".

Por esta razn precisa, el proyecto de una antropologa de l a memoria se sita tanto en el nivel del aparato psquico y de la conciencia, cuanto en el de los comportamientos. I6 Alain Lieury, La rnnoire. Du cerveau a lecole, Pars, Flammarion, , p. Captulo

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AntropologĂ­a de la memoria

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