LA DEVORADORA DE ALMAS ROBERT ALEXANDER PDF

Hace algunos aos, Sal y yo decidimos que si se presentaba la ocasin dejaramos la ciudad y nos trasladaramos a vivir al campo. Mi trabajo de profesor universitario no exiga que residiera en la ciudad, y aos de vida urbana haban hecho crecer en nosotros un romntico anhelo de huir a la que imaginbamos plcida y tranquila vida rural. No resulta fcil encontrar una casa en el campo. Nosotros no buscbamos lujos, pero las viviendas en buenas condiciones parecan costar un rin, y las que podamos pagar parecan a punto de caerse a pedazos, con las vigas carcomidas por los insectos y un revelador olor a putrefaccin y a hongos. Un da, sin embargo, lleg hasta nosotros un folleto de un agente inmobiliario que anunciaba una casita en la pequea villa de Steveley.

Author:Taum Akinor
Country:Guatemala
Language:English (Spanish)
Genre:Software
Published (Last):19 July 2015
Pages:49
PDF File Size:3.63 Mb
ePub File Size:2.86 Mb
ISBN:199-9-50410-617-8
Downloads:65169
Price:Free* [*Free Regsitration Required]
Uploader:Akitaxe



Hace algunos aos, Sal y yo decidimos que si se presentaba la ocasin dejaramos la ciudad y nos trasladaramos a vivir al campo. Mi trabajo de profesor universitario no exiga que residiera en la ciudad, y aos de vida urbana haban hecho crecer en nosotros un romntico anhelo de huir a la que imaginbamos plcida y tranquila vida rural.

No resulta fcil encontrar una casa en el campo. Nosotros no buscbamos lujos, pero las viviendas en buenas condiciones parecan costar un rin, y las que podamos pagar parecan a punto de caerse a pedazos, con las vigas carcomidas por los insectos y un revelador olor a putrefaccin y a hongos. Un da, sin embargo, lleg hasta nosotros un folleto de un agente inmobiliario que anunciaba una casita en la pequea villa de Steveley. Desde fuera pareca bastante agradable. Un poco estropeada quizs, pero no irreversiblemente.

Estaba vaca, pues el anterior propietario haba muerto unos meses antes, pero el agente nos haba dejado la llave. El interior de la casa era encantador, aunque necesitaba bastantes reparaciones. No haba nada decididamente en mal estado, al menos segn mis inexpertas observaciones, pero necesitaba una nueva decoracin de arriba abajo, y haba que reparar parte del cielo raso, y haba que renovar algunas de las tablas del piso, y haba que arreglar los pestillos rotos de las ventanas y el fregadero agrietado de la cocina, etctera, etctera.

A los nios les encant, y anduvieron corriendo de una pieza a otra mientras decidan dnde ira cada cosa. Haba tres dormitorios: uno para Sal y para m; el siguiente en tamao lo compartiran Mark, nuestro hijo de once aos, y Julian, el menor; por ltimo, el tercer dormitorio, una pequea habitacioncita, sera suficiente para Helen, nuestra hija de nueve aos. Julian se mostr tremendamente excitado. De verdad vamos a vivir aqu, pap? Me gusta! Es super! Quiero la cama bajo la ventana! Y bien? Es muy barata para lo que es.

Tiene un buen tamao, y el bao es bastante nuevo. S, creo que s. No pareces muy convencida. Sal ri nerviosamente antes de responder. Es que el pueblo me dio una sensacin extraa. Yo tambin tengo una sensacin extraa dijo Julian. Demasiado helado coment Mark. Eres demasiado pequeo para tomarte un cucurucho doble. No es cierto! No soy pequeo! Cuando les hubimos calmado, le pregunt a Sal: A qu te referas con eso de una sensacin extraa? Me ha parecido fro respondi ella vagamente.

Es su aspecto, supongo. Luego aadi con rapidez: Slo son imaginaciones mas. Sin embargo, segua sin parecer muy convencida. Ests segura? Normalmente Sal es una persona tan juiciosa y decidida que sus titubeos me sorprendan. Fuimos directamente a ver al agente y presentamos nuestra oferta. El inspector confirm que la casita tena una estructura slida, y unas semanas ms tarde era nuestra.

Sal pareca haber olvidado todas sus dudas y yo estaba encantado. Steveley era un pueblo pequeo. Su centro era un estrecha calle principal salpicada irregularmente de algunas tiendas que abastecan las necesidades cotidianas de sus ms o menos cuatrocientos habitantes. Entre esas tiendas, la carretera estaba flanqueada aqu y all por casas a menudo rodeadas de jardn o por el campo.

Eso era el centro y corazn del pueblo antiguo, con la taberna y el csped comunal a un extremo y la parroquia al otro. Como tantas otras poblaciones prximas a las grandes urbes, Steveley haba contemplado un reciente desarrollo, as que varias casas de dos pisos bastante mediocres, con sus pequeos jardines delanteros y traseros tmidamente cuidados, se mezclaban incmodamente con las casas de campo ms antiguas y slidas. Entre el csped comunal corra un riachuelo, y ms all de sus indeterminados lmites se extendan ricas tierras de labor unidas mediante setos bajos y unas escasas hileras de rboles.

Supongo, con toda sinceridad, que el pueblo no era el autntico remanso de buclica paz donde al principio pensbamos que debamos retiramos, pero quiz constitua un compromiso razonable entre nuestros infantiles ideales y lo que el mundo poda ofrecemos. Empezamos a sentirnos en casa. En las tiendas nos conocan, y saludbamos con un movimiento de cabeza a la gente que veamos habitualmente los domingos por la maana en el Red Lion.

Nuestros vecinos tambin parecan sociables y uno de ellos, la seora Ogilvie, una viuda de ms de sesenta aos, se ofreci a hacemos de canguro. Aunque, por supuesto, ramos poco ms que observadores siempre transcurre un tiempo hasta que los recin llegados son aceptados, incluso en el pueblo ms acogedor, poco a poco empezamos a comprender y a valorar nuestro nuevo mundo, con sus diferentes conceptos de las cosas y sus interminables cotilleos.

Tampoco reapareci aquella inquietud que Sal haba sentido el primer da, y el tiempo transcurri idlicamente. Ahora, aqu sentado, mientras trato de reconstruir con detalle lo sucedido despus de aquel doloroso da en que recibimos la llamada telefnica que nos comunicaba lo de Julian, nuestro sueo de paz me parece muy lejano.

La voz al otro lado de la lnea hablaba lentamente, con un acento rural. S grit. Soy el agente de polica Brown, seor. De Steveley. Tengo malas noticias para usted. Mi corazn pareci detenerse. Me sent. Se trata de su hijo, seor. El menor. S, seor. Creo que se es el nombre. Herido, dice? Por el amor de Dios, dgame qu ha sucedido.

Me temo que est muerto, seor. Pude imaginar al hombre del otro extremo de la lnea: impasible, sin saber qu hacer, transpirando por el esfuerzo de darme la noticia. Es curioso cmo la mente se dedica a pensamientos triviales de ese tipo en momentos tan inadecuados.

Le dije al agente que estara all lo antes posible, envi una nota para explicar mi partida y sal a toda prisa hacia la casa. Cuando llegu, Sal se ech en mis brazos llorando convulsivamente y supe entonces que era cierto, y que yo debera ser fuerte por los dos. Al principio no consegu que me explicara nada, salvo que Mark y Helen estaban con la seora Ogilvie.

Despus se tranquiliz un poco y me dijo que Julian haba estado jugando con unos compaeros de clase cerca de la escuela. Al parecer, al escalar una pared haba resbalado y, al caer, se golpe la cabeza contra la losa de una tumba que haba debajo. Me pregunt si no habra podido salvarse de haberle prestado auxilio ms pronto, pues haba transcurrido cierto tiempo hasta que sus pequeos compaeros se percataron de que algo le haba sucedido estaban jugando al escondite y nadie le haba visto caer y ms tiempo an hasta que acudieron a por auxilio.

Cuando Tom Baldry, un jardinero del pueblo que en su tiempo libre actuaba como sacristn y como sepulturero, lleg hasta Julian, el nio haba muerto. En la investigacin, el forense dijo que debi de morir instantneamente. Yo todava me pregunto si fue as.

Julian fue enterrado en el cementerio de la iglesia. Apenas seis meses despus de llegar a lo que esperbamos sera una vida ms feliz, estbamos dando sepultura a nuestro hijo menor. Intent convencerme de que aquello poda haber ocurrido en cualquier otro lugar y que no debamos regresar a la ciudad, pero por dentro me senta fatal y slo deseaba marcharme. El da que enterramos a Julian la lluvia caa torrencialmente y el agua bajaba en arroyuelos a la tumba.

Las palabras del oficiante casi se perdan bajo el ruido inagotable de la lluvia contra el dosel de paraguas. Sent una profundsima sensacin de desesperacin, aumentada por las figuras encorvadas de los asistentes al entierro, las palabras montonas y la lluvia incesante. Dese que bajaran el fretro, que www. Dese alejarme. Dirig una mirada a Sal. Su menuda figura pareca desesperadamente vulnerable, y sent mi corazn rebosante de amor y de lstima hacia ella. Mantena inmvil la cabeza y los ojos fijos en el suelo, con la mirada perdida.

Pareca un final desdichado y cruel para nuestros sueos. De pronto, todo se haba vuelto muerte y ruinas, e incluso la iglesia, que se alzaba tras el prroco que lea las oraciones, pareca a punto de derrumbarse. Mi mirada corri ociosa sobre sus formas desvencijadas.

Qu siniestra y lgubre pareca con las nubes plomizas arremolinadas sobre su destartalado techo y la lluvia manando a borbotones de sus monstruosas grgolas. Grandes grietas parecan dividir la torre de arriba abajo, y las piedras cadas cubran los rincones del cementerio. Era como una calavera medio rota, como una parodia de nuestras ambiciones. Ahuyent mis pensamientos cuando el funeral termin. Unas manos fras y hmedas estrecharon las mas mientras escuchaba expresiones de condolencia.

Tena los ojos bajados y apenas reconoc las caras. Me sent hipnotizado por la desolacin que haba a mi alrededor, en la iglesia medio en ruinas que se ergua detrs de m y en el fango espeso y pegajoso que tena a mis pies. Permanec all un minuto ms mientras los ltimos asistentes pasaban ante m.

AUGUSTO BOAL GAMES FOR ACTORS AND NON-ACTORS PDF

La Devoradora de Almas - Robert Alexander

Basida Refresh and try again. Karen Rebecka marked it as to-read Oct 01, But soon after their arrival, their young son Julian died in an accident in the churchyard — and their peaceful country home became a place of fear and terror Es una historia macabra, que mezcla: Ana Isabel marked it as to-read Oct 08, Paperbackroobert. Jul 04, Gerardo Lozano rated it liked it. Paperback Jomiru rated it liked it Dec 29, No trivia or quizzes yet. Was Stevely the centre of a ring of ritual desecration — and Devil worship? To cevoradora what your friends thought of this book, please sign up.

ION PARASCHIVOIU PDF

La devoradora de almas – Robert Alexander

.

BOSCH GOF 1300 ACE MANUAL PDF

La devoradora de almas de Robert Alexander

.

ROB SKIBA BABYLON RISING PDF

.

Related Articles